Los periodistas sabemos que los portavoces que las empresas nos ponen delante para responder a nuestras preguntas han sido “entrenados” en habilidades de comunicación. De hecho, en ocasiones somos nosotros mismos los que participamos en esas sesiones, adoptando diferentes roles (desde el periodista incisivo y “preguntón” hasta el que no sabe, es nuevo o es la primera vez que tiene que hacer una entrevista sobre temas complejos).
Con la IA, esta capacidad de entrenarse como portavoz ha llegado a todo el mundo: cualquier persona que tenga que “enfrentarse” a las preguntas de un periodista puede preguntarle a la IA de turno cuáles serán esas materias por las que el periodista va a indagar.
Es más, hace no demasiados meses un emprendedor con un perfil muy técnico me explicaba que, incluso, tenía desarrollado un agente para prepararse estas entrevistas con la prensa. En el prompt le especificaba quién era el periodista que le iba a entrevistar para que le hiciera un perfil y que afinara más con el tono o las cuestiones que podía preguntar. Este emprendedor “peloteaba” con este agente para entrenarse antes de cada entrevista.
Ahora, uno de los últimos directivos internacionales con los que he podido hablar me reconocía, precisamente en una entrevista, que usaba la IA para anticipar las cuestiones que, en este caso, le podrían plantear los analistas cada vez que su empresa anuncia resultados económicos. Y me aseguraba que la IA acertaba en un 80% de las preguntas que finalmente les hacían estos analistas de mercado.

Así que toca sorprender. Es cierto que hay determinadas preguntas que los periodistas tenemos que hacer (especialmente ante determinados sucesos o noticias). Es nuestra obligación, no sorprende a los portavoces que se les hagamos (aunque a veces se escuden en ese “no hay comentarios” para no responder) y no debemos dejar de hacerlas. Pero sí que, especialmente en las “one to one” (o entrevistas solos, cara a cara) toca ser imaginativos, sorprender y demostrar de paso esa capacidad “humana” que nos distingue de las máquinas.
Y reconozco que, cuando eso pasa, la entrevista es un éxito. Muchas veces da igual si entrevistas al primer espada de una compañía o a algunos de sus manos derechas (porque están tan bien entrenados que los mensajes son iguales, con matices en sus palabras). Así que la pequeña gran diferencia puede estar en ese detalle, en esa pregunta tonta que el directivo no se espera pero que le hace escaparse una cara de sorpresa, de alegría y de tener que pensar antes de darte una respuesta. Por simple que sea. Es también donde ese directivo muestra que, aparte de un máquina, es humano