A finales de 2019 escribía para Xataka un artículo sobre la “sombra digital“. Es uno de esos reportajes de los que te acuerdas años después porque ya en su momento aprendí mucho con él.
Estos días ha vuelto a mi cabeza a la hora de hablar de lo que los modelos de IA pueden hacer para “desenmascarar” o desanonimizar cuentas anónimas que hay por Internet. Porque aunque todos estas migajas digitales que vamos dejando con nuestro rastro pueden considerarse datos personales y, por tanto, estar sujetos a protección de las leyes, todos sabemos que quienes se dedican a los delitos suelen tener poca consideración por este tipo de normas.
Me explicaba Daniel Paleka (uno de los investigadores que ha probado estas técnicas) que no hace falta ser famoso ni un objetivo público para que para estos delincuentes les resulte rentable usar estas tácticas para saber quiénes somos, cuáles son nuestras debilidades y atacarnos mejor. Porque sí, antes nadie se iba a tirar 10 horas armando un solo puzzle. Pero ahora en 10 minutos puede tener varios resueltos.
No se trata de ser alarmistas, pero sí conscientes de los nuevos escenarios que se están abriendo